Esta dependencia de unos pocos gigantes digitales —Amazon, Microsoft, Google— pone en peligro nuestra soberanía, nuestra economía e incluso nuestros servicios públicos.
Su lógica es clara: privatizar las infraestructuras, concentrar los datos y maximizar el beneficio.
Pero las consecuencias son graves: vulnerabilidad, opacidad y ausencia de control democrático.