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2025-08-10 17:41:15 UTC

Severian on Nostr: [h1]Ramas[/h1] Está en la propia esencia de una máquina del tiempo el que no ...

[h1]Ramas[/h1]
Está en la propia esencia de una máquina del tiempo el que no podamos decir cuál fue la primera. Sólo sabemos que, en algún momento de la historia, un inventor ingenioso logró combinar las diferentes componentes del mecanismo, y fue capaz de moverse hacia el pasado. Su sola presencia en momentos anteriores de su vida –o de la de sus antepasados– alteró el flujo de los hechos, sacándolo de la línea histórica que llevaba hacia su invención y poniéndolo en una nueva, modificada de mil maneras sutiles y no tanto.

Es Importante entender que no es necesario volar Nueva York con una bomba nuclear para alterar la historia de forma dramática. Vivimos en un universo donde los efectos del caos amplifican cualquier perturbación inicialmente imperceptible, hasta hacerla macroscópica y tal vez dramática. Incluso los viajeros en el tiempo más cuidadosos son torpes mariposas que provocan huracanes.

Otro punto clave en esta discusión es que nunca se producen paradojas. Debemos agradecer esto a la mecánica cuántica, que hace que la realidad no sea una línea de hechos sucesivos encadenados, sino un árbol en el que a cada instante nacen nuevas ramas en las que se realizan todos los hechos posibles. Si un viajero en el tiempo falto de terapia viaja al pasado para asesinar a su bisabuelo, no deja de inmediatamente existir produciendo una contradición, sino que solamente se sitúa a su mismo en una nueva rama de la realidad, en la cual su familia no existe.

Así, un "primer" viajero que podamos concebir existió en alguna rama histórica, viajó al pasado alterando entonces los hechos que llevaban a su invención. Al verse en una rama donde su aparato no iba a ser construido, comunicó sus diseños a la versión local de sí mismo o a otros. Estos beneficiarios empezaron a su vez a viajar, comunicando su invento a Albert Einstein, Galileo Galilei, Leonardo da Vinci, Arquímedes de Siracusa o Aristarco de Samos. En este árbol del devenir contaminado por viajeros, es imposible decir quién fue el primero en descender por una rama para trepar luego por otra.

Lo cierto es que, debido tal vez a nuestros antepasados simios, nuestra especie le ha tomado un gusto especial a este paseo arbóreo. Hay viajeros que buscan la incansablemente la rama en la que son felices, habiendo encontrado el amor y viviendo una vida ideal. Otros intentan satisfacer su ambición, a veces buscando la gloria, otras la riqueza, y otras simplemente el poder. Y estamos tambien la mayoría, los curiosos, que no tenemos suficiente con lo que sucede, sino que necesitamos explorar todo lo que podría haber sucedido.

Hay por lo tanto una enorme variedad de máquinas del tiempo, consistente con la diversidad de las culturas en las que fueron construidas. En el Principio de los Tiempos hay un museo con centenares de ellas, en el que me gusta pasar horas durante mis descansos. En la vitrina que tenía ahora frente a mi, se veía una particularmente bella. Combinaba elementos de bajo nivel tecnológico y aspecto decimonónico, como un asiento tapizado en cuero y una palanca de bronce con empuñadura enjoyada, con piezas fruto de la mas avazada biotecnología. Me fascinaba el fuelle (una pieza necesaria en ciertos diseños de máquinas del tiempo), que parecía el buche de un ave mientras se inflaba y se desinflaba lentamente, y que estaba claramente [em]vivo[/em]. Todo el aparato era extremadamente pequeño, como si hubiera sido construido para un piloto de sólo diez años.

– Ssssí, esss una cultura delissciosssa.

La voz silbante me sobresaltó, y me volví rapidamente para ver a mi interlocutor. Frente a mí, se enroscaba una enorme anaconda de unos seis metros de longitud. Oh, no sé si lo he dicho ya, los humanos no somos la única especie que encuentra placer en explorar el árbol de la existencia. En un estremo de su cuerpo espiralado se encontraba la cola, el órgano extremadamente flexible que estos seres usan para manipular el mundo y contruir herramientas. Y en el otro, sus ojos de hielo me miraban desde arrba de una enorme boca decorada con terroríficos colmillos.

– ¡Sisi! –exclamé– ¿Cómo estás, falo flácido intertemporal?

– Hola Delicatesssen –Sisi me llama así porque, oh bueno, Sisi come gente– como te desscia, una cultura delissciosssa, –hizo un gesto hacia la vitrina– todosss niñosss tiernosss y pequeñitosss... –al ver mi cara, añadió– No te preocupesss, sssolo me comí a losss malosss.

– Por supuesto, lo sé –el arte de tener amigos se parece un poco teatro, en el hecho de que con frecuencia se requiere suspender la incredulidad.

– También me comí a variosss de losss tuyosss, viajerosss pervertidosss que iban a aprovecharssse de lasss niñitasss.

– Eh, vamos ¡yo no soy pervertido! –repliqué con indignación.

– Por sssupuesssto, lo sssé –dijo el muy hijo de puta, marcando una sonrisa entre sus colmillos.

Seguimos conversando un buen rato. Sisi me explicó que esa cultura había desarrollado tempranamente la biotecnología, y en un punto de su historia habían logrando que sus hijos se dessarrollaran en vasijas externas, úteros autónomos que no necesitaban de una madre. Habiéndose vuelto el sexo obsoleto, modificaron sus cuerpos para evitar la madurez sexual y vivir como niños prepúberes durante toda su vida.

– Cuerposss pequeñosss, menosss energía, menosss grasssa, vidasss masss largasss. La passsé muy bien allí. Hasssta que ssse hartaron de mí y comensszaron a casszarme. Me mataron variasss vesscesss...

Una de las ventajas del viaje en el tiempo es que nunca mueres. Siempre hay una rama de la realidad en la que sigues vivo y logras huir. Pero Sisi era un glotón, y ya estaba planeando volver:

– Ya no me dejarán comer niñitosss, pero hay otra rama de esssa hissstoria sssimilarmente tierna, –explicó– essstosss desscidieron mantener el plasscer sssexual, pero con un sssolo sssexo: ssson todasss hembrasss de tu essspesscie. Lleva masss tiempo digerirlasss, pero sssiguen sssiendo delissciosssasss. Te prometo que sssolo me comeré a lasss malasss, tiranasss, ladronasss, y assessinasss. Me pregunto si quieresss venir conmigo....

– Pues... sí... solo que ¿qué garantía tengo que no vas a comerme?

– No te preocupesss, ya lo intenté en algunasss lineasss temporalesss, y la experienssscia de cagar tusss huesssosss me convenssció de que no valesss la pena. Tú prométeme que también te limitarásss a lasss malasss, tiranasss, ladronasss, y assessinasss.

– Por supuesto –mentí, y Sisi hizo lo que corresponde a un buen amigo y me creyó.

Y así fue como, en el Principio de los Tiempos, me dejé tentar por una serpiente.

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