en el caso del software, que no se puede patentar y al principio no estaba claro si se aplicaba la propiedad intelectual (ahora sí lo está) se estilaba automandarte cartas certificadas y dejarlas cerradas por si en algún momento tenías que acreditar que tú escribiste eso antes que nadie.
No es necesario pasar por ningún registro, pero es útil si alguien te cuestiona la IP de algo. Da igual que sea música, libros o recetas de cocina.