Se tiraron allí doce años, europeizaron la ciudad, seredobló el tráfico de esclavos. Río creció, se urbanizó y se hizo cosmopolita.
Cuando volvieron en 1821 se quedó allí don Pedro, duque de Bragança, con un poderoso dispositivo burocrático y gubernamental a mano para declarar la independencia y a sí mismo emperador do Brazil.