Muchas veces se queja en restaurantes, tampoco somos de bares.
El lloro o grito de un niño es estridente, agudo y no estamos acostumbrados. Pero el murmullo grave -y muchas veces alto- de 40 adultos solo es despreciable porque estamos acostumbrados.
Dicho esto, es cierto que hay niños porculeros y padres que en vez de controlarlos un poco les dicen 'el camarero te va a reñir'. Tocate los huevos, tendrás que ser tú!