Es muy fácil fantasear con la idea de hundir a hostias a un violador, desconocido y que no te suponga ningún sacrificio social/laboral. El combate, como otra discusión en tu cabeza, te lo imaginas desigual a tu favor. Tú eres el que lo revientas.
En la vida real, ya hay más riesgos. Si le digo algo, se van a reír el resto de mí. Si le digo algo, van a echarme del curro. Y tú quieres que me crea que si ves a un violador le crujes.